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Válvulas de los neumáticos

El mantenimiento preventivo del auto nos ahorrará grandes dolores de cabeza. Es el mejor camino para no tener que realizar desembolsos considerables por composturas graves o repentinas. Aunque esto es conocimiento de dominio popular, muchas personas suelen centrarse solo en algunos componentes del vehículo, sin prestar atención a otros elementos que también son importantes. Esto sucede con las llamadas válvulas de los neumáticos.

En primera instancia, podríamos caer en la falsa creencia de que no requieren mantenimiento o que nunca deben reemplazarse. En la mayoría de los casos, los usuarios se dan cuenta de su importancia hasta que se enfrentan a un problema con estas piezas.

El nombre técnico de las válvulas de neumáticos es válvulas Schrader, como la compañía que patentó su diseño en la última década del siglo XIX. Quizá jamás pasó por nuestra cabeza que se tratara de uno de los elementos con mayor antigüedad dentro de la industria automotriz. Desde aquellos años han estado presentes en casi todas las llantas, incluyendo aquellas que se emplean en otros rubros.

Cada una de las válvulas está compuesta por un cuerpo fabricado de goma o metal, un tubo metálico con rosca interna y una tuerca cuya función es evitar el ingreso de contaminantes. Sobra decir que las llantas requieren todo nuestro interés por ser el punto de contacto entre el auto y la superficie. Por ello, comprobar que sus diferentes componentes se encuentran en buen estado es algo obligatorio hasta por seguridad personal y de nuestros acompañantes.

La función principal de las válvulas es mantener la presión del aire. Cuando sufren algún daño o presentan un deterioro acentuado, no serán capaces de mantener la llanta en el nivel correcto para circular. Como bien sabemos, la pérdida de presión puede derivar en severos accidentes, sobre todo, si el vehículo rueda a elevadas velocidades.

Los problemas más comunes

La gran mayoría de los usuarios que reemplazan las válvulas de los neumáticos se debe a que el aire se escapa por el vástago, que es la parte utilizada para el suministro de aire. En caso de que su estructura esté dañada, la pérdida de presión puede ser se lenta o rápida.

Dejar estos componentes deteriorados repercutirá de forma directa en el estado de las llantas. Llevarlas por debajo de la presión recomendada impacta de manera negativa a su adherencia, la suspensión y el sistema de frenado.

El desgaste de dichas piezas es algo natural por el uso frecuente e intenso. Por ende, conviene realizar un reemplazo periódico para evitar enfrentarnos a un contratiempo en plena carretera o en medio del tráfico. Una recomendación sería cambiarlas cada vez que se tenga que realizar alguna reparación en los neumáticos. Asimismo, algunos expertos sugieren cambiarlas 2 veces por año, aunque no existe una fecha de caducidad precisa y dependerá de múltiples factores. Cabe mencionar que estos elementos también son susceptibles de una reparación parcial, pero no es recomendable debido a que volverán a quedar inutilizados en menor tiempo y el costo se asemeja mucho a un reemplazo completo.

Una de las grandes ventajas es que pueden cambiarse con gran facilidad. Si no deseamos gastar dinero en mano de obra y eludir el taller, nosotros podremos quitar la pieza dañada y reemplazarla si tomamos las precauciones correspondientes. Sin embargo, no es conveniente hacerlo si no contamos con los conocimientos y las herramientas adecuadas.

En las visitas al mecánico para el cambio de llantas o alguna otra revisión del ABS por ejemplo, podemos solicitar este servicio sin que el precio se incremente de manera sustancial. Incluso, las llanteras reconocidas incluyen la sustitución de las válvulas de forma estándar, por lo que es probable que no seamos conscientes del reemplazo.

Otro error común es no darle demasiada importancia al tapón de las válvulas de los neumáticos. Éstos tienen una gran incidencia en la circulación y la seguridad, debido a que son las principales responsables de que los líquidos y contaminantes del camino no entren al sistema. Muchas personas creen que no existe ningún riesgo al circular sin los pequeños tapones, pero la realidad es que ofrecen cierto grado de protección contra el polvo, la tierra y otros elementos que ensuciarían el sistema. Si circulamos un buen tramo tras perder una tuerca, se recomienda dejar salir algo de aire antes de ingresar el compresor, ya que esto ayudará a expulsar buena parte de la suciedad acumulada.

Fuente: automexico

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